Roland Garros 2011: Nadal, campeón de campeones

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Hasta la explosión definitiva de Djokovic este año, era uno de los duelos más repetidos y esperados de los últimos años. Los aficionados estábamos ya acostumbrados a ver a Nadal y Federer en una gran final de Grand Slam.

Es por eso que muchos estábamos deseando volver a disfrutar de una nueva final de ambos en Roland Garros. Ha sido una ocasión también perfecta para que mucho “oportunista” que ha criticado incluso a Rafa estos días se quedara en evidencia. Dudar del nivel de Nadal o incluso llegar a decir que ya podría ser igual que estos años es demostrar tener una falta de conocimiento del tenis, y sobre todo no respetar al mejor tenista español de la historia, uno de los mejores deportistas (sino el mejor) de nuestro deporte y a uno ya de los mejores tenistas de todos los tiempos.


Tan solo 25 años y con unos números abrumadores, que pocos tenistas podrán jamás ni soñar. De hecho, es ya el segundo mejor jugador de la historia en cuanto al número de títulos conseguidos, cuenta ya con 10 Grand Slam (6 Roland Garros, 1 Open Australia, 2 Wimbledon y 1 Open Usa), es el tenista con más Masters 1000 de la historia (19), medalla de Oro en los Juegos Olímpicos de Pekín… podríamos seguir dando cifras y no parábamos, pero lo mejor que se puede decir es que todos estos resultados los ha conseguido siempre desde la humildad, el trabajo y el esfuerzo. Nadie le ha regalado nada, y solo su constancia y su humanidad le ha permitido alcanzar estos resultados. Y le quedan muchos años de seguir conseguir nuevos títulos, de pulverizar más récords, de entusiasmar a todos los aficionados al deporte, pero, por encima de todo, demostrando que toda esa calidad inmensa que tiene como tenista es acorde con la que cuenta como persona.

Nada es un ejemplo en todos los sentidos, que demuestra su nobleza y calidad humana en cada nuevo partido y declaración. Como hace siempre, honrando el deporte con su saber estar, y teniendo siempre palabras de elogio contra su gran rival en la pista, Roger Federer, pero amigo fuera de ella. Demostrando que hasta en la gran victoria hay que tener humildad. Nadal siempre respetuoso con el oponente, y siempre elogiando a sus rivales deportivos de grandes batallas como la que ayer pudimos disfrutar. Una gran final, con dos caballeros del tenis, que están haciendo historia y son leyenda viva del deporte mundial ya. Un ejemplo de como una gran rivalidad no tiene porque dar lugar a enfrentamientos que trascienden lo deportivo.

El mundo del deporte, y del periodismo en general, es muy oportunista. Cuando estás arriba todo son palabras bonitas, pero en cuanto no repites los mismos éxitos ya se te quiere hundir. Es el caso de Nadal y Federer, que nos los han querido enterrar deportivamente antes de tiempo. Pero el tiempo y la realidad pone a cada uno en su lugar. Español y suizo han demostrado con hechos que son los dos genios del tenis y que les queda cuerda para rato. Es innegable que el año de Djokovic es increíble, y que tiene todo para ser número durante años, pero todavía no ha conseguido ni una mínima parte de lo que han conseguido Rafa y Roger, y es algo que no hay que olvidar nunca. Es muy fácil apuntarse ahora al carro del serbio, pero nunca se puede engañar sobre la realidad. De esta manera, Federer dio una lección en semifinales, haciendo un partido increíble que un “acabado” como se ha llegado a decir jamás realizaría. De la misma manera, Nadal, que desde el primer partido ha visto como muchos periodistas solo sabían hablar sobre si estaba mal este año, ha demostrado con este brillante título que no podían estar más equivocados. Por muy bueno que seas no se puede entender que siempre vas a ganar sin despeinarte, y más en un deporte tan competitivo, donde cualquier jugador te puede ganar.

Todos los ingredientes hacían presagiar una gran final, y así fue. Pudimos disfrutar de un partido que tuvo de todo: mucha calidad, puntos de maestros, lucha, emoción, incertidumbre…Una de las mejores finales de Roland Garros de los últimos años. El comienzo del partido recordó a la final que disputaron los dos mismos tenistas en 2006. En aquella ocasión, Nadal se veía sorprendido por un ciclón suizo que comenzaba sin dar tregua al español. De esta manera, y sin casi poder parar el torrente de juego del helvético, el tenista de Manacor se veía con 2-5 en contra y bola de set para el suizo al resto. En ese momento emergió el gran campeón. El número uno del mundo sacó a relucir su mejor, consiguiendo recuperar el break y volviendo a romper el servicio a Federer, para acabar ganando el primer set por 7-5. Un final inesperado, en el que el español demostró que jamás se rinde y que nadie puede darle por perdido hasta el final. Nadal era como una apisonadora durante varios juegos. Con una derecha de gran potencia y muy profunda, comenzó a dominar el partido. Federer, sorprendido, no sabía como contrarrestar ese torrente de juego ofensivo del español.

El segundo set comenzaba con la misma tendencia que había dejado el primer set. Nadal volvía a romper el saque del suizo y todo parecía indicar que se anotaría con facilidad en la segunda manga. Pero nuevamente el partido volvía a sorprender a todo el mundo. Federer se recuperaba en el peor momento y lograba empatar el partido hasta llegar al emocionante tie-break. Nadal, con una fuerza mental impresionante, no acusó el contratiempo y volvió a golpear muy potente a la pelota. También le ayudó su saque a mantener las distancias y anotarse el segundo set. Era el momento del español, ese en el que ya ha impuesto su ley y en la que el rival ve delante de si una montaña muy alta de escalar. Pero llegó la lluvia, que suspendió el partido durante unos minutos, y permitió al suizo pensar en cómo cambiar la tendencia del partido y cuando todo parecía indicar que el tercer set sería el definitivo se repitió la historia del primer set pero en esta ocasión con distinto resultado. Federer remontaba y acaba imponiéndose por 7-5, con un juego espectacular. Un despliegue de golpes de todo tipo y con una serie de dejadas que solo un maestro podría realizar.

Se presentaba un cuarto set muy emocionante, y en el que todo parecía indicar que el helvético aprovecharía el momento para pegar el estirón. Pero Nadal tiene una fuerza mental insuperable y no se puso nervioso en ningún momento. Subió una marcha más a su juego y aplacó el juego de su rival. Con mucha serenidad y sin fallar casi ningún golpe, el español aprovechó la primera oportunidad que tuvo para romper el saque al suizo. Una nueva rotura dejaba todo sentenciado. El español esta vez sí lograba anotarse el cuarto set por 6-1 y con ello conseguir su sexto título de Roland Garros en tan solo siete participaciones. De esta manera, Nadal igualaba a una leyenda como Björn Borg en el número de títulos conseguidos en la tierra parisina. Pero el español es insaciable y dada su juventud podemos apostar porque seguirá acrecentando su leyenda, esa que le ha llevado a estar entre los mejores de la historia del tenis, al lado de su rival ayer pero gran amigo, Roger Federer.



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